La conducción actual en las carreteras españolas se enfrenta a un entorno complejo donde el teléfono móvil se ha convertido en un acompañante permanente, especialmente en los trayectos cortos y urbanos. Lo que muchos conductores asumen como una práctica normalizada está transformando de forma directa la tipología de los accidentes, el tipo de daños generados y, en última instancia, la vida útil de los vehículos.
Según los datos de la Dirección General de Tráfico (DGT), las distracciones al volante son el factor principal en los siniestros de tráfico, habiendo estado presentes en el 30% de los accidentes mortales registrados solo en el año 2024. Dentro de estos descuidos, el uso del teléfono móvil es el motivo principal. De hecho, en la última campaña intensiva de la DGT de ese mismo año, el 48,2% de las denuncias por distracción correspondieron al empleo de estos dispositivos para realizar llamadas, revisar redes sociales o consultar notificaciones.
El uso intensivo del móvil está especialmente arraigado entre la población joven. Investigaciones publicadas por Taylor & Francis destacan que este perfil de conductor admite pasar, de media, el 21,1% de cada trayecto mirando la pantalla, lo que equivale a un minuto de cada cinco al volante.
Esta conducta se ve respaldada por una baja percepción del riesgo. Según los datos de la Encuesta electrónica sobre las actitudes de los usuarios de las carreteras (ESRA-2023), el 22,2% de los conductores españoles reconoce hacer llamadas sin manos libres, mientras que un 24,7% afirma leer mensajes o interactuar con redes sociales en marcha. Aunque los sistemas de manos libres mitigan una parte del riesgo, no eliminan la distracción en los hábitos de movilidad diaria.
En el ámbito urbano e interurbano, un solo segundo de desatención suele traducirse en alcances a baja velocidad, salidas de vía leves o impactos laterales. Históricamente, estos incidentes se consideraban reparaciones menores o puramente estéticas; sin embargo, la evolución técnica del automóvil ha cambiado por completo este escenario.
La incorporación de sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS), sensores, cámaras y una electrónica integrada hace que los impactos a velocidades moderadas dañen componentes internos clave y elementos estructurales. Desde el sector técnico, profesionales como Pablo Núñez, de Desguaces Pablo e Hijos, constatan que estos golpes en apariencia leves derivan en reparaciones tan complejas y costosas que superan con creces el valor venal del automóvil. Al dejar de ser viables económicamente, coches relativamente recientes son dados de baja de manera prematura.
Esta siniestralidad evitable impacta directamente en el sector del tratamiento de vehículos fuera de uso. Esteban Alabajos, director de la red de desguaces españoles RO-DES, señala que muchos automóviles no llegan al final de su ciclo por antigüedad o desgaste mecánico, sino por los daños internos derivados de estas distracciones cotidianas. “Desde el sector vemos cómo muchos de estos vehículos no llegan al final de su vida útil por desgaste o antigüedad, sino por accidentes que podrían haberse evitado. Son coches que salen de circulación antes de tiempo como consecuencia directa de siniestros vinculados a distracciones en la conducción”.
