La invitación de Ceroil nos llevó hasta las instalaciones de FAST Parcmotor Castellolí para participar en un curso de conducción segura que, más allá de la experiencia en pista, dejó una idea clara desde el inicio: la prevención es capital al volante y en el taller. La jornada arrancó con una pregunta incómoda pero necesaria: ¿somos realmente buenos conductores? A partir de ahí, todo giró en torno a un concepto clave, la actitud. Los formadores insistieron en la importancia de anticiparse, leer el entorno y reaccionar antes de que el problema aparezca. La conducción preventiva consiste en ganar tiempo antes de que la situación se complique.
Ejercicios clave





Antes de mover el coche, tocó revisar lo básico. La posición al volante cambió cuando se hizo correctamente: asiento bajo, espalda recta, extremidades semiflexionadas y cinturón bien ajustado. A partir de ahí, la mirada pasó a ser protagonista. No se trata solo de ver, sino de anticipar y dirigir la vista hacia donde queremos ir.
Con el coche en marcha, los ejercicios pusieron a prueba esos conceptos. El slalom obligó a coordinar manos y mirada, mientras que en las frenadas de emergencia quedó claro que dudar no es una opción. Había que frenar con decisión desde el primer momento, confiando en el ABS. La diferencia entre hacerlo bien o mal es notable, hasta el punto de que una gran parte de los accidentes podrían evitarse simplemente aplicando correctamente el freno. A medida que subió el nivel, llegaron las curvas y las superficies deslizantes. La gestión de pesos, la progresividad con el acelerador y el contravolante se convirtieron en herramientas clave para mantener el control.
Más allá del volante
Todo lo trabajado en pista tuvo una lectura más amplia. La prevención no se queda en la conducción, también tiene que ver con cómo cuidamos el vehículo. Igual que anticiparse en carretera puede evitar un susto, hacerlo en el mantenimiento puede evitar una avería.
Desde esa perspectiva, la experiencia deja una reflexión clara para la posventa. Apostar por un mantenimiento preventivo mejora el comportamiento del vehículo, aporta valor al servicio y ayuda a fidelizar al cliente. Al final, tanto en la carretera como en el taller, la lógica es la misma: anticiparse siempre resulta más eficaz que reaccionar tarde.
Cris Cano: “La mejor solución es la prevención”
La colaboración entre Ceroil y la escuela FAST Parcmotor Castellolí no es puntual. Tal y como explica Cristian Cano, director general de la compañía, se trata de una relación consolidada a lo largo de más de una década, en la que la formación en conducción segura se ha convertido en una extensión natural de la filosofía de la empresa.

“La mejor solución es la prevención”, resume Cano, estableciendo un paralelismo directo entre lo que se trabaja en pista y lo que defienden sus productos. Del mismo modo que un conductor puede evitar un accidente anticipándose a una situación de riesgo, el vehículo puede evitar averías si se actúa antes de que aparezcan los problemas.
Ese planteamiento se apoya en lo que la propia compañía denomina “mecánica química”, una forma de mantenimiento basada en el uso de aditivos que actúan directamente sobre los elementos internos del motor. Entre ellos destacan los compuestos cerámicos formulados con nitruro de boro, un material que reduce la fricción entre piezas metálicas. Su efecto es doble: en condiciones exigentes puede traducirse en un aumento del rendimiento, mientras que en un uso cotidiano contribuye a reducir el consumo y mejorar la durabilidad del conjunto.
Más allá de la tecnología, Cano pone el foco en la aplicación práctica en el taller. La incorporación de estos productos en operaciones habituales de mantenimiento, como la limpieza interna del motor antes del cambio de aceite o el tratamiento del sistema de inyección, permite mejorar el funcionamiento del vehículo y reducir la probabilidad de averías. “El resultado es un coche que trabaja mejor, con menos desgaste y menos emisiones”, apunta.
Este enfoque adquiere especial sentido en un mercado como el español, donde el parque automovilístico presenta una antigüedad elevada y un uso mayoritariamente urbano, factores que favorecen la acumulación de residuos y la pérdida de eficiencia. Frente a reparaciones costosas, especialmente en sistemas como el filtro de partículas o el circuito de AdBlue, la prevención se presenta como una alternativa técnica y económicamente más eficiente.
En este sentido, Cano insiste en que el uso de aditivos debe entenderse como parte de una estrategia global de mantenimiento, no como una solución puntual. “El coste de prevenir es mínimo en comparación con el de reparar”, concluye, reforzando una idea que, tanto en la carretera como en el taller, se consolida como clave en la gestión del vehículo.