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GAC (Gremi d’Automoció de Catalunya) es una activa asociación integrada en un colectivo intersectorial UEI (Unió Empresarial Intersectorial) que, recientemente, ha acogido también a CIRA, la asociación catalana de distribuidores. Defienden y apoyan al taller para hacerles crecer como empresarios y como empresa y tengan el mejor de los futuros, desde unas excelentes instalaciones en Granollers donde también tienen aulas y un taller para proyectos formativos. Domingo Comas, presidente, y Albert Durán, secretario general, conversaron con nosotros largamente.

No es trabajar más, es trabajar mejor

Convenimos en que hoy día, el taller tiene trabajo. El problema no es la falta de actividad, explicaba Comas sino la dificultad para disponer de profesionales, gestionar adecuadamente las empresas y adaptarse a una normativa y una tecnología que cambian rápidamente. Y, pese a que a priori ese volumen laboral parece bueno, no equivale necesariamente a tener un negocio rentable. 

Comas y Durán nos explicaron que hay talleres saturados que aceptan prácticamente todos los vehículos que llegan porque no saben decir que no. Describen casos de profesionales que empiezan a trabajar a primera hora de la mañana y terminan entrada la noche, sin disponer prácticamente de tiempo personal. La alternativa, comentaban, pasa por dos posibilidades: aceptar menos vehículos y mejorar la calidad de vida, o crecer, contratar trabajadores y delegar. «Si vas colapsado, o dices que no, coges menos coches y vives un poco, o dices que sí y coges más personas que trabajen para ti», resumía Comas. 

La falta de mano de obra

Pero para poder tener un equipo en el taller que asuma toda esa carga de trabajo, hay que salvar la falta de profesionales, que constituye uno de los principales problemas del sector. Consideran que existe un escollo estructural en la Formación Profesional. «El sector, y en concreto el taller, se queda sin profesionales» se lamenta Comas. Durán señalaba, además, que las prácticas formativas se concentran habitualmente en empresas grandes y concesionarios que disponen de recursos para acoger alumnos. Para un pequeño taller, dedicar a una persona a formar a un estudiante significa dejar de facturar durante ese tiempo. El resultado es paradójico: los jóvenes que terminan formándose acaban incorporándose a las empresas que tradicionalmente tienen mayor capacidad para acogerlos, mientras que el pequeño taller, que también necesita profesionales, continúa sin acceso suficiente a estudiantes.

Recuperar el aprendiz 

Ante esta situación, Comas apuesta por recuperar un sistema de aprendizaje vinculado directamente a la empresa. La propuesta pasaría por contratos de varios años, con una remuneración inicialmente más baja que fuera aumentando a medida que el aprendiz adquiriese experiencia y capacidad productiva. La idea permitiría que jóvenes con habilidades prácticas pudieran incorporarse al oficio sin que toda la formación tuviera que pasar necesariamente por el modelo académico convencional, permitiendo adquirir una profesión en cuatro años y, al mismo tiempo, obtener ingresos durante su formación.

Una formación actualizada

Pero también preocupa al GAC el desfase entre la evolución tecnológica del automóvil y los contenidos que se imparten en determinados itinerarios formativos convencionales. «Estamos formando a los mecánicos de 2030, en vehículo eléctrico, con temáticas de 1970», afirmaba Duran. El problema se hace especialmente visible en materias relacionadas con la prevención de riesgos laborales vinculada a los vehículos eléctricos. El secretario general considera que la transición hacia el vehículo eléctrico plantea una enorme exigencia de formación, herramientas y seguridad. La Administración debería aclarar cómo se va a preparar a los miles de talleres que tendrán que reparar y mantener vehículos electrificados. No basta con desarrollar la infraestructura necesaria para el automóvil eléctrico; también hay que formar a los profesionales que trabajarán sobre ellos. Entre las necesidades se encuentran la formación en alta tensión, los equipos de protección y las herramientas específicas, por ejemplo. 

GAC plantea por ello la posibilidad de impulsar Certificados de Profesionalidad y programas específicos adaptados a las necesidades reales de los talleres. Sin embargo, la propia normativa de la Administración de estos certificados limita la capacidad de las asociaciones para definir libremente los contenidos. La reivindicación de fondo es que sean los profesionales que trabajan diariamente en los talleres quienes puedan determinar qué conocimientos de las tecnologías actuales y futuras necesita realmente un mecánico.

Administración: demasiados departamentos y poca coordinación

Y es que la necesidad de entendimiento con la Administración constituye otro de los puntos de preocupación para GAC. Apuntan que existe una falta de visión transversal entre los Departamentos y organismos que afectan al taller y no siempre existe una coordinación suficiente entre ellos. Comas explicaba que un taller puede verse afectado por departamentos de Industria, Trabajo, o Consumo, por citar algunos. Intervienen la Administración Central, la de la Comunidad Autónoma, y el Ayuntamiento, y entre esos organismos, y entre sus propios departamentos, no siempre existe una comunicación fluida que complica llegar a obligaciones claras y bien definidas para el taller.

El taller: una empresa

Más allá de la formación técnica, consideran que el profesional debe asumir también y definitivamente una mentalidad empresarial. Comas considera que ahí debe producirse un cambio cultural. «Cuando alguien viene al gremio para abrir un taller y establecerse, debería decir que quiere ser empresario. Ahora muchos contestan que son mecánicos. Y no es suficiente», afirma. Durán matiza que el profesional puede ser técnicamente excelente y, sin embargo, tener dificultades para gestionar su negocio, sus costes, la facturación, las compras, los seguros, las garantías o las relaciones comerciales. 

Digitalización: una herramienta imprescindible

A favor de ese cambio de mentalidad, admiten que la digitalización está cambiando la gestión del taller. Durán reconoce que las herramientas digitales facilitan la planificación, la relación con los proveedores, la gestión de recambios y la facturación. El problema es que todavía existe una parte del sector que continúa trabajando con sistemas muy tradicionales. El reto no es únicamente disponer de tecnología, sino conseguir que el profesional entienda que utilizarla puede permitirle ahorrar tiempo y dinero. Explicaban que muchos mecánicos quieren seguir dedicándose exclusivamente a reparar vehículos y no desean convertirse en informáticos. Sin embargo, alguien debe encargarse de la agenda, los recambios, la facturación y la gestión administrativa. Una posibilidad frecuente en los pequeños talleres es que esa parte del negocio recaiga en la pareja, una hermana u otro familiar. Durán considera que sería necesario formar también a estas personas, porque en muchos casos son quienes realmente gestionan la empresa.

Sobre la importancia de estar unidos en redes, Comas diferencia entre las que proporcionan formación y apoyo técnico, y aquellas que ofrecen también clientes procedentes de acuerdos con compañías de renting o aseguradoras. El problema, para el presidente del GAC, aparece cuando el volumen de trabajo llega acompañado de unas condiciones económicas que no permiten al taller obtener una rentabilidad adecuada. “El taller debe conocer previamente sus costes y decidir si una determinada operación le interesa”, explicaba. E insiste en que aceptar trabajo por debajo del coste puede generar una falsa sensación de actividad mientras deteriora progresivamente el negocio. 

Comas recuerda que el empresario debe conocer el coste real de su hora de trabajo y saber qué margen obtiene de cada operación y tiene capacidad para decidir con qué compañías trabaja y en qué condiciones. El hándicap llega cuando una parte excesivamente elevada de su actividad depende de una única fuente de negocio. «Si una compañía te mantiene sin pérdidas y te trae clientes, perfecto; pero tienes que intentar equilibrarlo con otras actividades», explica Comas.

Y de ahí pasamos a la relación con las aseguradoras, que continúa siendo uno de los grandes conflictos del sector: Durán considera que el GAC no puede prometer a un taller que resolverá por sí solo sus problemas con las aseguradoras, porque la solución debe partir, en primer lugar, del conocimiento empresarial del propio taller, e insiste en que las actuaciones colectivas deben respetar siempre la legislación de competencia. Una asociación no puede fijar precios ni establecer acuerdos. Por ello, la estrategia de GAC pasa por formar al profesional para que conozca sus derechos, sus obligaciones, su estructura de costes y sus posibilidades de negociación.

Dos compañeros de trabajo hablando sobre la transformación personal en una oficina llena de filas de escritorios.

Unidad del sector

También queremos que nos cuenten cómo ven la actualidad de las asociaciones de talleres y las controversias que existen, muchas de ellas a partir de la gestión de ese conflicto con las aseguradoras, y nos recuerdan que el GAC apoyó en su momento la creación de una estructura común de representación de los talleres y considera positiva cualquier iniciativa que permita recuperar esa unidad. Explica que el sector pierde fuerza cuando las asociaciones trabajan separadamente, y cuando los órganos de representación no están suficientemente conectados con la realidad diaria del taller.

Durán coincide y señala que el objetivo debería ser que los talleres estén unidos, independientemente de la asociación concreta a la que pertenezcan. «No podemos pretender que los talleres se unan y nosotros vayamos por separado», sostiene. Comas considera, además, que pese a que muchos de los mensajes que se han ido cruzando puedan tener un contenido que responda a una realidad, hay que ser cuidadoso en el formato, añadiendo que una estructura nacional debería tener a su cabeza visible a alguien neutral para que represente realmente a los talleres, sin quedar condicionada por intereses particulares.

Recambistas y talleres: relación basada en la negociación

En cuanto a la relación entre talleres y distribuidores de recambios, Durán considera que se trata fundamentalmente de una relación comercial. Por ello, de nuevo, el taller debe conocer sus costes y necesidades antes de negociar. El profesional debe valorar el precio, pero también el servicio, la disponibilidad, la fiabilidad, la rapidez y la capacidad de respuesta. «Si solo valora el precio, va mal», advierte.

Comas realiza autocrítica reconociendo que una parte del problema de las devoluciones y pedidos urgentes podría solucionarse mediante una mejor planificación. Los trabajos de mantenimiento estructurados con antelación deberían permitir al taller solicitar previamente los recambios necesarios. El recambista puede y debe ofrecer un servicio de urgencia, explica el presidente de GAC, pero afirma “no tiene sentido convertir cada pedido estándar en una urgencia”.

Comas considera que el número de referencias necesarias aumentará a medida que se multipliquen los modelos y tecnologías existentes. Esto supone un reto especialmente importante para los recambistas, que tendrán que mantener un stock mucho más amplio para ofrecer el mismo nivel de servicio. «En poco tiempo se nos doblarán los modelos de vehículos», advierte. Por ello, considera especialmente importante que talleres y recambistas anticipen juntos los cambios que vienen. Durán añade la importancia de generar espacios de diálogo entre ambos colectivos, y remarca la ventaja de estar ahora más cercana a CIRA. “El objetivo debe ser identificar problemas comunes y buscar soluciones conjunta y activamente”, afirmaba.

Los talleres también tienen que participar

Tres personas debaten sobre la evolución del sector del automóvil en un taller.

Respecto a la implicación de los representados en las instituciones, Durán señaló que el GAC también pide a sus asociados que sean más participativos. La asociación necesita conocer los problemas reales de los talleres para poder anticiparse a ellos. «Siempre les decimos a nuestros asociados que nos critiquen más», afirma. Ello debería traducirse en asistencia a formaciones, reuniones y encuentros sectoriales, pero también en una mayor implicación en las decisiones que afectan al futuro del oficio. Comas recordaba, no obstante, que las asociaciones no pueden sustituir al trabajo del empresario. 

Las tres claves para el taller

A modo de conclusión, Comas resumía las prioridades para los talleres en tres grandes líneas: gestionar los establecimientos como auténticas empresas, aprender a especializarse y desarrollar mecanismos de colaboración.

Considera que un pequeño establecimiento no puede asumir por sí solo toda la complejidad tecnológica de los vehículos actuales. Del mismo modo que, históricamente, el mecánico recurría a un electricista cuando surgía un problema específico, el futuro puede exigir una colaboración mucho más estrecha entre profesionales especializados. «Con la complejidad de los vehículos se tendrá que volver a hacer lo mismo: especialización y colaboración», explica.

En definitiva, Comas y Durán plantearon una transformación cultural del taller: pasar de la figura del mecánico que fundamentalmente repara vehículos a la del empresario que gestiona una empresa especializada, conoce sus costes, forma a sus profesionales, utiliza herramientas digitales, negocia sus relaciones comerciales y participa activamente en las organizaciones que representan al sector para poder mejorar aquello que resulta inconveniente.

NUEVOS PERFILES

GAC, mencionó el gran reto de atraer a las nuevas generaciones y transmitir que la automoción es un sector con futuro y con múltiples salidas profesionales. Durán recordaba que la evolución tecnológica del vehículo está transformando completamente los perfiles que necesita el taller. También considera necesario corregir la imagen tradicional del taller y reivindicar que la actividad actual poco tiene que ver con la visión que podía existir hace décadas. «El sector de la automoción ha tenido toda la vida un muy mal marketing. No hemos sabido venderlo», afirmó. El secretario general del GAC considera imprescindible explicar a los jóvenes que la automoción no consiste únicamente en trabajar debajo de un vehículo con las manos llenas de grasa. Es un sector tecnológico, con numerosas especialidades, posibilidades profesionales y puestos de trabajo bien remunerados.

¿TALLER ILEGAL O REPARACIÓN ILEGAL?

En relación con los talleres ilegales, Durán diferenciaba entre el centro que no cumple deliberadamente la normativa y aquel que desconoce exactamente qué debe hacer para legalizarse. Recordó que la desaparición del antiguo requisito de disponer de un responsable técnico ha facilitado el acceso a la actividad y ha resuelto problemas de relevo generacional, aunque también ha abierto la posibilidad de que prácticamente cualquier persona pueda abrir un taller sin acreditar una titulación específica.

Comas apuntó que el problema no es únicamente el taller ilegal, sino también la reparación ilegal realizada por personas que trabajan legalmente en una empresa y después realizan trabajos por su cuenta. Ambos consideran que la legalización debería ser suficientemente sencilla y accesible como para que no existan incentivos para trabajar al margen de la normativa. 

Y creen que una mayor implicación de la ITV podría contribuir a reducir además de los defectos de los vehículos, determinadas prácticas irregulares: cuando un vehículo no supera una inspección por un elemento de seguridad, debería poder comprobarse posteriormente que la reparación se ha efectuado en una empresa legalmente establecida. 

Puedes acceder al reportaje completo en nuestra revista online en este enlace en las páginas 62 a 66.

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