En el año 2005 se hizo evidente que el mercado del repintado no iba a crecer:
- Se reducía el número de accidentes por los límites de velocidad, controles de alcohol y el carnet por puntos.
- El número de coches en siniestro total aumentaba. El pintado completo se convertía en un sueño.
- Debido al desarrollo tecnológico se necesitaba menos pintura para una reparación.
Poco más tarde, con la introducción del V.O.C (productos de baja emisión de contenidos volátiles) en 2007, parecía que el mercado se estaba animando cuando el crack económico del 2008 impacta sustancialmente en el negocio al año siguiente.
El mercado seguirá a la baja los años siguientes e incluso el primer trimestre del 2012 refleja una caída del 10% respecto al año anterior.
En medio de este entorno tan depresivo, algunos participantes en la cadena deciden sacarle jugo a la situación y los fabricantes de automóviles y las aseguradoras intervienen con sus «recomendaciones», participando directamente en el proceso, y asegurándose su trozo de tarta.
¿Y el distribuidor qué? De repente se encuentra en medio de un juego cruzado: Se cuestiona su contribución y la buena relación que había mantenido con su cliente, el taller, se resquebraja. El servicio permanente, la asesoría, la formación, la sustitución de algún empleado enfermo en momentos puntuales, la financiación, la inversión en equipamiento, las interminables horas de dedicación ¿Todo perdido?
Los descuentos se convierten en el objetivo a batir, los márgenes se reducen, hay que reducir los costes, el servicio se resiente.
¿Aún hay esperanza para los distribuidores de pintura de repintado?
En mi opinión no hay nada nuevo en esta historia. En los últimos 30 años se ha desarrollado un mercado del repintado muy profesional.
Las innovaciones tecnológicas han seguido reforzando la figura del pintor y la de su asesor, el buen distribuidor.
- Este buen distribuidor ha estado, durante estos años pendiente de las necesidades de su cliente final, absorbiendo como una esponja las dificultades que surgían en el día a día. Asimismo ha sido un acérrimo defensor de sus marcas representadas, aunque en muchas ocasiones su esfuerzo no haya sido reconocido.
- Este buen distribuidor ha preparado a su equipo, técnica y comercialmente, para ejercer no sólo de vendedores sino de consejeros.
- Este buen distribuidor ha crecido personalmente, preparándose para ser un mejor gerente de su negocio, no sólo un vendedor.
- Este buen distribuidor ha invertido con sensatez sus beneficios como parte del objetivo a largo plazo de su empresa.
- Este buen distribuidor ve con orgullo, que una nueva generación empieza a tomar las riendas del negocio, aunque todavía estén un poco «verdes».
- Este buen distribuidor sabe muy bien a donde va, tiene un proyecto de futuro.
- Este buen distribuidor es imprescindible para el taller, cuídenlo y no dejen que, como «rara avis», se extinga.
F. Domínguez
Director de Luzhugo Consulting
