
En el Estudio del Foro Económico Mundial (WEF en sus siglas en inglés) “La herramienta para la puntuación de la movilidad urbana: Evaluación comparativa de la transición hacia la movilidad urbana sostenible”, firmado (entre otros) por el jefe de Transformación Urbana del Foro Económico Mundial, Jeff Merritt, y el director de Sostenibilidad de las tarjetas Visa, Douglas Sabo, se evalúa el progreso sostenible e inclusivo de las ciudades hacia un modelo de transporte denominado SEAM (compartido, eléctrico, conectado y automatizado) que mitigaría el 80% de las emisiones por pasajero, liberaría el 75% del espacio urbano o reduciría los costes de transporte en un 40%. Además incluye un objetivo que puede suponer un gran “reseteo” de la economía como actualmente la conocemos.
Reducir drásticamente el parque circulante mundial
Y es que, conscientes de que “la electrificación de los vehículos privados no es suficiente para cumplir con los compromisos del Acuerdo de París en materia de emisiones de CO2”, lo que pretende el Foro de Davos es que el parque mundial se quede en apenas 500 millones de automóviles. Esto es reducir el número de vehículos en las carreteras de manera drástica, un 75% en menos de 30 años (para 2050), y ello ya independientemente de sus propulsiones: sean de combustión, híbridos o eléctricos.
Si las cifras de producción continúan al ritmo actual, en 2050 circularían 2.100 millones de vehículos y, según datos del WEF, la reducción de parque bajaría considerablemente las emisiones de CO₂ de.600 millones de toneladas de CO2 al año hasta los 3.900 millones de toneladas anuales. Además, se conseguiría ahorrar cinco billones de dólares cada año para la economía mundial y, así mismo, se lograría una reducción de las muertes mundiales asociadas a la contaminación, en sus datos, 1,8 millones de fallecidos al año.
La ciudad de los 15 minutos


Esta nueva movilidad implicaría que en las ciudades “más compactas y saludables”, donde ya existen las limitaciones ZBE (muy controvertidas también), se empleara transporte público, coche compartido o micromovilidad, además de fomentar el caminar y el uso de la bicicleta. Esto último supone el promover el famoso concepto ‘ciudad de los 15 minutos’ que tan controvertido está resultando para los vecinos, por ejemplo, en Barcelona, donde los planes de la Administración local (estableciendo la “SuperIlla”, el concepto de ‘supermanzanas’) está transformando las calles de la ciudad y creando lo que en el consistorio denominan una ‘red de ejes verdes y plazas’ que priorizan al peatón en zonas como el Ensanche (las calles Consell de Cent, Rocafort, Comte Borrell y Girona, planteándose también cuatro grandes plazas, de unos 2.000 m² cada una), en el distrito de Sant Martí (en las calles Cristóbal de Moura, Almogàvers, Zamora, Puigcerdà y Bolívia) y que, en realidad, lo que está creando es un grave caos circulatorio y un gran perjuicio a numerosos comercios y vecinos de las zonas afectadas.
Sin medir consecuencias
En este “paper” del WEF, de escasas 20 páginas, brilla por su ausencia un exhaustivo análisis de las posibles consecuencias que podría conllevar esta drástica decisión de eliminar el transporte privado, los elevados costes económicos y sociales de planificar un proceso de estas características, así como los efectos económicos como consecuencia de la asfixia a la industria del automóvil, con todas las implicaciones de destrucción de riqueza y empleo que ello acarrearía.
Tampoco explica quiénes tendrían derecho al uso del 25% de los coches que, según el Foro de Davos, sí podrían circular (limitando, evidentemente, la libre decisión de las familias de tener un vehículo privado), y no contemplan las circunstancias del mundo rural, donde no tiene cabida un modelo de movilidad en el que prime el transporte público en detrimento del transporte particular.
Se trata de un estudio que ha generado un evidente malestar.
Muy ‘buenista’ y ‘bienqueda’, pero poco estudiado.