La reciente DANA que azotó la Comunidad Valenciana dejó a su paso una estela de destrucción, con calles anegadas, viviendas destrozadas y cientos de vehículos inservibles. Sin embargo, a la tragedia de las pérdidas materiales y humanas se ha sumado una preocupante ola de delincuencia que ha encontrado en los descampados de vehículos siniestrados un nuevo foco de actividad delictiva.
En municipios como Paiporta, Alacuás, Aldaya y Benetúser, los saqueos han pasado de ser incidentes aislados a convertirse en un problema estructural. A pesar de los esfuerzos policiales, los vecinos denuncian que los recursos son insuficientes para frenar la oleada de robos, que afectan tanto a comercios y viviendas como a las campas donde reposan los vehículos destrozados por la riada.
Uno de los puntos más críticos se encuentra en un descampado de Paiporta, donde numerosos coches siniestrados han sido abandonados a la espera de ser retirados. Lejos de quedar resguardados, estos vehículos se han convertido en blanco fácil para saqueadores, quienes los desmantelan impunemente, incluso a plena luz del día. «Siempre hay gente merodeando, revisando los coches y llevándose lo que pueden», han afirmado testigos.
La impunidad con la que operan estos delincuentes ha generado gran indignación entre los residentes, quienes han optado por organizarse en patrullas nocturnas para proteger sus propiedades. No obstante, los esfuerzos vecinales no son suficientes para contener el problema. «Hemos pedido más presencia policial, pero seguimos igual. Mientras tanto, nosotros tenemos que poner rejas, cámaras y puertas blindadas para intentar estar más seguros», lamentó una vecina de la localidad.
Los saqueos no solo han afectado a los vehículos abandonados, sino también a comercios y viviendas que quedaron desprotegidos tras la catástrofe. En Paiporta, los comerciantes han visto cómo sus negocios eran vaciados por delincuentes que han aprovechado la situación de emergencia para actuar con total impunidad. «No dejaron nada en la tienda, se lo llevaron todo», relató el propietario de un establecimiento saqueado.
La situación ha despertado el temor de los damnificados, quienes denuncian que la inseguridad es ahora una de sus principales preocupaciones. «La DANA nos lo quitó todo y ahora vienen ellos a llevarse lo poco que nos queda», expresó una residente de Alacuás. Mientras las autoridades intentan dar respuesta a la crisis humanitaria provocada por la riada, los vecinos exigen medidas más contundentes para frenar la ola de robos que sigue azotando a la región.