La Formula One es el campo de pruebas definitivo. Todo un emblema mundial con una disputada competencia representa la cumbre del deporte de motor. La búsqueda de la excelencia es la inspiración detrás del acuerdo de colaboración entre Castrol y el Renault F1 Team.
Durante la temporada de 21 carreras, cada automóvil solo puede usar tres unidades híbridas con turbocompresor de 1600 cc, mientras que las unidades de combustión interna aceleran a 15.000 rpm y producen más de 700 CV. En un entorno donde el éxito y el fracaso se calculan en milisegundos, la más mínima ventaja es crucial.
“Cualquier avance que podamos lograr mediante tecnologías de lubricantes a medida que aporten ventajas graduales a su rendimiento, reduzcan el tiempo por vuelta en millonésimas de segundo y los acerque a la clasificación, consigue que completen la carrera más rápido”, explica Will Pickford, director de Tecnología de Castrol para Europa y África. “Ese es nuestro objetivo”.
Tres enemigos
El desarrollo conjunto de lubricante para F1 debe superar los límites normales combatiendo los tres enemigos del rendimiento del motor: la fricción, la rotura y la aireación. La fricción entre las superficies de un motor le resta potencia e incrementa el consumo de combustible para rendir, y con la limitación del combustible a 110 kg en 2019 esto no puede ocurrir.
“Quedan lejos los días en que podías quemar tanto combustible como quisieras y volver a repostar”, explica Pickford. “Reducir dicha fricción supone un menor consumo de combustible para conseguir la misma potencia”.
Los fallos del motor son espectaculares, muy visibles en circuito y muy costosos tanto en un campeonato como para la reputación de la marca.
“El lubricante es una parte esencial del motor”, añade Pickford. “La ingeniería de superficies, los materiales, los acabados y la interacción con el lubricante se engloban en un diseño conjunto en el que trabajamos con nuestros ingenieros. Debemos conseguir que dure”.
Las ventajas de la co-ingeniería
Durante los largos meses sin competición, los diseñadores y los ingenieros se esfuerzan para obtener el máximo rendimiento tanto del chasis como del motor. La F1 va un paso por delante, aunque los materiales y componentes empleados no son necesariamente adecuados para la producción en serie.
El trabajo de Castrol en el motor no consiste solamente en suministrar un lubricante de motor de alto rendimiento, sino en colaborar con el Renault F1 Team para incrementar el rendimiento y la fiabilidad en un proceso que denominan “co-ingeniería”. En este sentido, los fluidos se diseñan específicamente para el Renault F1 Team, ni siquiera para la Formula One en general. “Mediante la co-ingeniería intentamos obtener el máximo rendimiento para una combinación de mecánica y lubricante, con la intención de conseguir juntos más que por separado”, explica Pickford.
“Acabamos trabajando con fluidos de viscosidad ultrabaja, muy inferior a cualquier producto que hubieran usado antes, combinada con tecnologías inteligentes en materia de sistemas de aditivos. Al rediseñar su sistema de cojinetes con tolerancias más reducidas, pudieron disminuir la fricción hasta un nivel en que el motor podía ir un poquito más allá, rendir ese poquito más”.
Castrol recurre a todo un abanico de asesores y expertos de todo el sector con muchos años de experiencia; de ahí procede gran parte de la innovación.
Cumplir una normativa más dura
Todo lubricante utilizado en un fin de semana de Formula One debe cumplir la normativa de la FIA y, en especial, el artículo 20 de la normativa técnica, que establece los niveles de viscosidad y se asegura de que el lubricante de motor se haya desarrollado específicamente para ser un lubricante, no para cualquier otro uso.
Mantener el ritmo en circuito
Una vez dicha tecnología se ha implementado en el vehículo, la labor de Castrol continúa. Cuando el RS19 llega finalmente a las pistas, Castrol se pone a su disposición con todo un dispositivo móvil de asistencia en circuito y colabora estrechamente con el equipo para analizar el rendimiento y supervisar el control de calidad. El equipo hace un seguimiento constante de los datos y su evolución prevista, y emite las alertas correspondientes para permitir una reacción rápida del equipo. Las tareas principales en circuito incluyen el control de calidad de cualquier producto suministrado, barril por barril, así como la supervisión de la progresión del desgaste en dichos motores, para comprobar que se mantienen dentro de los límites esperados.
El lubricante se comprueba utilizando un espectrómetro de electrodo de disco rotatorio para analizar una muestra enviada de lubricante de motor.
El objetivo de todo este esfuerzo es que el equipo rinda a plena capacidad. Además, Castrol aprovecha lo que aprende en los deportes de motor para aplicarlo con sus equipos de desarrollo de productos, de modo que el Castrol EDGE que los clientes utilizan en carretera se beneficia de todo ese conocimiento procedente de la competición de Formula One.